Desde su primera edición en 1919, el Salón del Automóvil de Barcelona –hoy Automobile Barcelona–  no ha dejado de sorprender, de reinventarse, de ir de la mano de los cambios y las innovaciones que vive la sociedad en general y el sector del automóvil en particular. Durante un siglo, cada una de sus ediciones ha ido acompañada de un complemento que a lo largo de los años se ha transformado en símbolo del Salón: el cartel o poster que resume en arte lo que el certamen de Barcelona quiere mostrar al mundo.

Cartel del Salón Internacional del Automóvil de Barcelona de 1919

A pesar de tratarse de un salón bienal, las interrupciones propiciadas por las guerras de la primera mitad del siglo XX, arrojan un saldo equivalente a 40 ediciones y por tanto 40 carteles. A través de los años se ha podido observar cómo el diseño de los carteles se va transformando. El que da vida al primer Salón fue quizás el más “social” de todos, ya que el foco de atención se centraba en personas disfrutando a bordo de un vehículo, y en los conductores que manejaban, quedando en este caso el coche en un segundo plano.

Es a partir de la edición de 1933 cuando la figura humana desaparece completamente en el diseño de los carteles.

A partir de 1966 se produce un cambio significativo en el estilo de diseño de los carteles (recordemos que han pasado 30 años desde la celebración de la anterior edición tras las pausas de las guerras y postguerras) que se vuelven más “simples” en sus formas, pero cargados de contenido, sobre todo en los últimos años de la década de los 60. Destacamos el cartel que da vida a la edición de 1967: cuatro trazos que configuran todo el universo automovilístico: conductor y vehículo.

Todo cambia en 1968, cuando el Salón de Barcelona es reconocido por la OICA (Organisation Internationale des Constructeurs d’Automobiles), como bien se expone en su cartel anunciador. La seriedad y el buen hacer de las dos ediciones anteriores habían dado sus frutos. El dibujo de una llave anunciando la internacionalidad del evento automovilístico se convirtió en el protagonista del cartel del Salón de 1968.

A pesar de la crisis del petróleo de principios de los 70, los carteles de esta década destacaron por sus líneas coloristas y simples que en algunos casos parecían inspirarse en el estilo de los pósteres de películas de Hollywood obra de artistas como Saul Bass. Es el caso del cartel del año 1979.

Carteles en azul y verde

El año 1997 marca un antes y un después en la estética de los carteles. Un planeta lleno de nubes con silueta de coches que representan el importante cambio que comenzaba a dar la sociedad y la industria en cuanto a tecnología y ecología. Quizá el nacimiento ese año del primer coche híbrido producido en serie, el Toyota Prius, tuvo mucho que ver en el diseño del cartel.

A partir de esta edición los colores azul y verde se hacen fuertes en los carteles de las diferentes ediciones, representando al medioambiente y a la movilidad (en este último apartado destaca especialmente el cartel que se enmarca en la edición de 2011), y que posteriormente se centrarían también en la conectividad. La ciudad conectada.

La apuesta de la edición 2019, la más importante de la historia del Salón, muestra la evolución del automóvil y de su diseño: la parte trasera del vehículo representa el pasado, la imagen retro de nuestra historia; su parte delantera refleja el presente-futuro de la automoción. En definitiva, los cien años de un Salón que forma parte de nuestras vidas.

FOLC LECHA