El cómic es un lenguaje a caballo entre el libro convencional y el predominio absoluto de la imagen, entre el mundo del papel y el universo online. Es moderno y clásico. Gusta a varias generaciones a la vez.

La nueva edición del Salón del Cómic, que ya ha cumplido 35 años, que se celebra entre el 30 de marzo y el 2 de abril en el recinto de Montjuïc, tiene estas múltiples miradas.

Una de las más entrañables es, sin duda, la exposición dedicada a Josep Maria Blanco, ganador del gran premio de la edición de 2016, coincidiendo con el centenario de la revista TBO de la que fue un autor de referencia, entre 1950 y 1983 cuando, después de etapas con suerte diversa, cerró definitivamente. El TBO, además de dar nombre a un determinado tipo de publicación, fue un espejo de la realidad social de Barcelona y Cataluña: la historieta se convirtió, en años muy difíciles, en cronista de costumbres, inquietudes y aspiraciones. El propio José María Blanco fue continuador de la popular Familia Ulises que había creado el dibujante Benejam y que era reflejo de las penurias de una familia de clase media baja durante la posguerra española.

Protagonistas 2017

Pero volvemos a un presente que siempre se entrelaza con el pasado. Tintín, Gaudí, Lucky Luke, Will Eisner, creador de la novela gráfica, serán protagonistas, entre otros (unos otros entre los que figura Donald Trump y la visión que de él tienen los dibujantes), de las exposiciones del salón.

Pero quizás la muestra más relevante sea la de “Cómics en vuelo”, dedicada a la fascinación que el cómic ha tenido, y tiene, por la capacidad humana de volar con grandes máquinas. Dibujantes y guionistas de cómics han reflejado en sus obras la épica de los primeros vuelos -no hace mucho más de un siglo que se inventó la aviación-, los combates aéreos, los bombardeos, la revolución de los motores a reacción, la aventura de los vuelos en avioneta, helicóptero o hidroavión. Más allá de los dibujos, la exposición permite descubrir, en la plaza del Universo, aviones a tamaño real, contextualizados con los cómics. Todo un reto de organización.

Un discurso comprensible

El salón del Cómic juega, además, otros papeles. Es lugar de encuentro de los incondicionales con un importante número de autores del país e internacionales, genera contactos y sinergias entre los editores, los creadores y los públicos. Y tiene una función educativa evidente con un extenso y atractivo programa dirigido a escuelas e institutos.

Los responsables del salón lo explican claramente: “el cómic es una síntesis en que la imagen y la palabra forman un producto artístico. Esta combinación de texto e imagen genera un discurso fácilmente comprensible y estimulante para los lectores más jóvenes y para aquellos que no tienen adquirido el hábito de lectura, convirtiendo el cómic en una herramienta pedagógica de gran utilidad en clase”. Y añaden que “el salón tiene como objetivo mostrar de una forma lúdica las vertientes pedagógicas del cómic, desde la comprensión lectora hasta los recursos narrativos propios del cómic pasando por la capacidad de síntesis y su función como soporte en muchas de las áreas curriculares”.

Una ciudad de cómic

Barcelona no es sólo escenario de varios cómics (como el de Gaudí que se puede ver en esta edición del salón) sino también una ciudad apasionada por esta cultura de la imagen.

Es una de las urbes con más tradición en tiendas de cómic, ciencia ficción, juegos de rol o videojuegos, localizadas especialmente en la parte baja del Paseo de San Juan, Via Laietana, Eixample y Gràcia. No hay que olvidar el mercado dominical de Sant Antoni, lugar de visita obligada para los coleccionistas.

 

R.P.