Ambiente olímpico en el recinto de Montjuïc. Arxiu General de Fira de Barcelona. Autora: Pilar Aymerich

Para todos los que tuvimos la suerte de vivirlo, parece que fue ayer. Pero, no. Ya ha pasado un cuarto de siglo. Sí. En 2017 se cumple el 25 aniversario de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, curiosamente, los Juegos de la XXV Olimpiada. Y es que, después de muchos intentos, el sueño de la ciudad más cosmopolita, vanguardista y moderna de la Península Ibérica se hacía realidad en aquel lejano verano de 1992, tras su nominación como sede olímpica, el 17 de octubre de 1986, fecha ya mítica en el imaginario colectivo desde que el entonces Presidente del Comité OIímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, pronunciase el nombre de Barcelona en catalán.

El momento clave

El anuncio de Joan Antoni Samaranch,
proclamando la ciudad de Barcelona
como sede de los Juegos Olímpicos
de 1992

La designación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992 fue para la ciudad un revulsivo similar al que representaron las exposiciones de 1888 y 1929, en especial esta última, que dio forma al recinto de Montjuïc, sede de Fira de Barcelona desde su constitución oficial en 1932. Y ese fue el principal as con el que contaba Barcelona’92. Porque desde el primer momento, la candidatura olímpica contemplaba que la montaña de Montjuïc y sus instalaciones como el Estadio construido en 1929 o la propia Fira fuesen el centro neurálgico de un evento que supuso un antes y un después para la ciudad.

Centro principal de Prensa durante los JJOO’92. Arxiu General de Fira de Barcelona. Autora: Pilar Aymerich

Vista general recinto de Montjuïc. Arxiu General de Fira de Barcelona. Autora: Pilar Aymerich

El legado de 1929

Así, las torres venecianas, construidas como acceso a la Exposición de 1929 y que desde entonces son el pórtico de entrada al recinto de Montjuïc, daban la bienvenida, a través de la avenida de la Reina Maria Cristina, a los miles de espectadores que accedían al Anillo Olímpico.

Pero, además, Fira de Barcelona tuvo una participación destacada con la cesión de tres palacios feriales que se alzan a ambos lados de la avenida y que fueron la sede del Centro de los Medios de Comunicación, que incluía el Centro Principal de Prensa y el Centro Internacional de Radio y Televisión, el Centro Principal de Acreditaciones, el Centro de Representación del Comité Organizador Olímpico de Barcelona 92 (COOB’92), el Centro de Información y Operaciones de Tecnología, el Centro de Restauración del personal de la organización y el Centro de Acogida para los Patrocinadores.

Y también fue sede olímpica, acogiendo las pruebas de esgrima, que tuvieron lugar en el Palacio de la Metalurgia, el actual palacio 8. Con una superficie de 19.000 metros cuadrados, el edificio, que fue proyectado en 1927 por los arquitectos Alexandre Soler i Amadeu Llopart, se caracteriza por su gran cúpula descompuesta en triángulos bajo la que se situó la pista en la que se disputaron las finales de esta competición.

Josep Miquel Abad. Arxiu General de Fira de Barcelona

Capital humano

Además de ceder sus instalaciones, Fira de Barcelona colaboró con el éxito de Barcelona’92 con su capital humano. Muchos empleados de la institución ocuparon puestos de responsabilidad en la organización de los Juegos y muchos otros fueron voluntarios olímpicos.

Pero, sin lugar a dudas, el gran nombre propio de todos ellos fue el de Josep Miquel Abad, nombrado director general de Fira de Barcelona en 1983. Su buena labor gestora en Fira hizo que el entonces alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, le pusiera en 1987 al frente del COOB’92, el comité organizador de “los mejores Juegos de toda la historia olímpica”, tal como dijo Juan Antonio Samaranch el 9 de agosto de 1992 en el acto de clausura de los Juegos de Barcelona… Hace ya 25 años… Sí, sí… Y parece que fue ayer.

 

EDU PÉREZ MOYA