barcelona fira montjuicLa mayoría de países, ciudades y comunidades humanas, han tenido que vivir, a lo largo de su historia, períodos de gran complejidad (guerras, desastres naturales, epidemias, conflictos sociales, crisis económicas…) que ponen a prueba su capacidad de resistencia y de supervivencia.

En la larga marcha de la humanidad hacia la mejora de sus condiciones de vida, estos episodios de tanta dureza han contribuido a forjar y fortalecer el temperamento social.

La ciudad de Barcelona es un claro ejemplo de la voluntad de superación de las condiciones adversas, sobrevividas a lo largo de la historia. Desde la epidemia de peste del año 1348, que acabó con el 60% de la población de la ciudad, hasta la última epidemia del cólera de 1971, la capital catalana ha vivido una serie de episodios complejos de entre los que destaca la pasa de fiebre amarilla de 1821 que tuvo efectos catastróficos.

Como una metáfora de la voluntad de ir adelante, hay que recordar que la necesidad de superar las condiciones de salubridad de la Barcelona vieja, cerrada entre las murallas medievales, dio origen al gran proyecto que ha caracterizado la ciudad moderna: el Ensanche diseñado por Ildefons Cerdà, sin el cual no se entendería la expansión y el crecimiento de Barcelona, ​​su conversión en gran capital industrial y en ciudad cultural e innovadora, en auténtico eje de la Cataluña moderna. La Exposición Internacional de 1888, celebrada pocos años antes de anexionar los antiguos municipios del plan de Barcelona, ​​marca un punto culminante de esta progresión.

Pero la historia de Barcelona de los dos últimos siglos no tiene sólo que ver con las crisis de salud. Está llena también de otros episodios de una gran complejidad: revueltas y protestas, periodos de violencia social como la Semana Trágica, o de gran desolación, como la guerra civil vivida entre 1936 y 1939 que dejó una profunda herida en la sociedad, en la economía y en las instituciones.

Un ejemplo de la obstinada capacidad de resistencia de Barcelona se encuentra precisamente en la rapidez con que el empresariado de la ciudad, a través de la Cámara de Comercio y de acuerdo con el Ayuntamiento, recuperó la iniciativa emprendedora al final de la guerra civil poniendo inmediatamente en marcha la Feria de Muestras de Barcelona como herramienta de estímulo de una economía que se encontraba extraordinariamente debilitada.

Todo nos lleva a pensar que la fuerza de la colectividad, de la sociedad organizada y de las instituciones, y una vez más la colaboración pública y privada, será determinante para superar la actual situación y encarar el futuro con una razonable dosis de optimismo. En Barcelona, ​​en Cataluña, en toda España. En todo el mundo, para toda la humanidad.

R.P.