El 20 de mayo se cumplieron 130 años de la inauguración de la Exposición Universal de 1888, que significó el ingreso de Barcelona en el circuito internacional de exposiciones y ferias.

La Exposición tuvo trascendental importancia para Barcelona, ​​Cataluña y España, para la industria, las personas y abrió una ventana sobre grandes transformaciones vinculadas a los procesos de producción, los transportes, la ingeniería, la ciencia… El diario La Vanguardia, en una crónica conmemorativa, ha hablado con razón del Mobile World Congress de 1888. En una época sin los medios masivos de comunicación de ahora, las exposiciones eran un vehículo privilegiado de difusión de la cultura y la tecnología.

Las novedades del mundo

Los 22 países participantes, con 12.000 expositores directos y representados, sobre 450.000 m2 (unos miles de metros cuadrados más que los recintos de Gran Via y Montjuïc de Fira de Barcelona juntos) mostraron durante cinco meses las últimas novedades de un mundo que tenía gran confianza en el progreso industrial y tecnológico: en maquinaria textil, la gran industria de la época, en construcción de hierro y acero, artes gráficas, industria naval, en nuevos motores y turbinas… la industria catalana tuvo un papel relevante y se pudo mostrar al mundo.

Se pudieron ver fonógrafos, cámaras fotográficas, nuevas técnicas agrícolas y mineras. Pasaron por las instalaciones alrededor de dos millones y medio de personas que pudieron atestiguar el esfuerzo de Barcelona por la modernidad y la admiración que despertaban los nuevos inventos y los países más avanzados. El pabellón de la ciudad de Nueva York fue, en este sentido, uno de los más visitados.

Impacto urbano

La Exposición se celebró en el Parque de la Ciutadella, recuperado para la ciudad, en sus alrededores y en un sector de la playa y contribuyó de manera clara a la proyección internacional de Barcelona y su afirmación como metrópolis. Hacía pocos años que Barcelona había podido romper el ahogo de las murallas y extendía el Eixample Cerdà por el llano, a la espera de incorporar los viejos municipios de Sants, Gracia, Sant Andreu, Les  Corts, Sant Martí…

En las obras de la Exposición participaron más de 50 arquitectos y 146 maestros de obra. Barcelona ganó no sólo su parque más grande, sino que aprovechó la convocatoria (como luego se hizo en 1929 y en 1992) para modernizarse: la urbanización de todo el frente marítimo entre el parque de la Ciutadella y la Rambla (donde se inauguró el monumento a Colón), de parte del barrio de Ribera, cercano al recinto de exposición, la construcción del Mercado del Born (la Mercabarna de la época), la aparición de la electricidad en las principales calles, el desarrollo del Ensanche, la centralidad de la plaza de Catalunya y el paseo de Gracia…

Muchos de los edificios y monumentos que se construyeron para la exposición tuvieron carácter efímero. Pero otros han sobrevivido como el arco del Triunfo, el castillo de los Tres Dragones, durante muchos años sede del Museo de Zoología o el Museo de Geología y el Palacio de Justicia, entre otros.

Nuevas iniciativas feriales

Después vendrían nuevas iniciativas como la primera feria de muestras en 1920, una actividad que se prolongaría durante setenta años, la Exposición Internacional de 1929 y la creación de Fira de Barcelona como una institución orientada a promover la actividad comercial, el desarrollo económico y la proyección de las empresas y de la ciudad.

R.P.