El 25 de julio de 1992 comenzaron los que fueron calificados como los mejores Juegos Olímpicos de la historia. A lo largo de dieciséis días, Barcelona se convirtió en centro de las miradas del mundo, con la televisión jugando un papel esencial para mostrar el trabajo bien hecho, el alto nivel de las instalaciones, la transformación de la ciudad y la acogida dispensada a atletas y visitantes. También los buenos resultados deportivos, ya que nunca antes los atletas españoles habían tenido tan buen nivel, logrando 22 medallas.

Con la fiesta ciudadana del 25 de julio de este año, se vuelve a revivir aquel espíritu olímpico que, más allá la conmemoración del aniversario, apunta directamente al corazón de los barceloneses, a la transformación de la ciudad en tantos aspectos. Barcelona se situó en el mapa, como le gustaba decir al alcalde Pasqual Maragall.

Ciudad global

Barcelona se ha convertido en una ciudad global en un tiempo global y las grandes transformaciones siempre tienen sus claroscuros (hoy, por ejemplo, el turismo está en el centro del debate), pero a pesar de todo los barceloneses y barcelonesas siguen siendo unos apasionados de su ciudad: por lo tangible (como la recuperación del litoral o las grandes mejoras urbanísticas) y por lo que difícilmente se puede medir como es la autoestima y la capacidad de ver los valores de ciudadanos más allá del envoltorio.

Con los Juegos, por ejemplo, nació la figura del voluntario olímpico que fue embrión de un movimiento mucho más amplio de voluntariado ligado a muchas formas de solidaridad con las personas, con el medio ambiente, la cultura… La Plaza de los Voluntarios recuerda que miles de personas entusiasmadas se convirtieron en la mejor tarjeta de presentación de Barcelona y Cataluña.

Época de cambio

Los Juegos Olímpicos, con toda su etapa de preparación, constituyen, probablemente, el mayor evento colectivo que ha vivido Barcelona, ​​comparable sólo al Plan Cerdà y a las dos grandes exposiciones, también con decisiva incidencia sobre el desarrollo de la ciudad: con la Exposición Universal de 1888, Barcelona manifestó su vocación de metrópolis y con la de 1929 la voluntad de ser el centro de la modernidad. Con los Juegos, Barcelona reivindicó su papel en España, en el Mediterráneo y en el mundo. Además, demostró que es posible sumar las más diversas sensibilidades sociales, políticas, económicas y culturales para hacer avanzar un proyecto colectivo estimulante.

A la recuperación del litoral liberado de las industrias obsoletas, las rondas, las instalaciones deportivas, la Villa Olímpica, el Anillo Olímpico (con el Palau Sant Jordi o el Estadio), las mejoras en barrios, calles y equipamientos, hay añadir el crecimiento del aeropuerto (con una importante mejora de la que hoy es la T-2), los hoteles, el turismo y un impacto también muy positivo sobre el turismo de negocios y las ferias.

El impacto de los Juegos se estimó en más de 18.000 millones de euros. Construcción y turismo fueron dos de los sectores más beneficiados. La oferta hotelera se incrementó de 18.569 a 25.055 plazas entre 1990 y 1992. Los Juegos contribuyeron al incremento en la actividad económica ya un cambio en el tejido económico gracias a la modernización de la ciudad, al incremento de las actividades en el sector de servicios, la atracción de nuevas inversiones extranjeras y la apertura a una economía global.

Ver la película oficial de los JJOO Barcelona 92.

Fira, en primera línea

La colaboración de Fira fue muy importante para el éxito de los Juegos, ya que cedió tres palacios del recinto de Montjuïc convertidos en sedes del Centro de los Medios de Comunicación (que incluía el Centro Principal de Prensa y el Centro internacional de Radio y Televisión), el Centro Principal de Acreditaciones, el Centro de Representación del Comité Organizador Olímpico de Barcelona 92 ​​(COOB’92), el Centro de Información y Operaciones de Tecnología, el Centro de Restauración del personal de la organización y el Centro de Acogida para los patrocinadores.

También acogió las pruebas de esgrima, que tuvieron lugar en el Palacio de la Metalurgia, el actual palacio 8. Además, muchas personas de Fira  ocuparon puestos de responsabilidad en la organización de los Juegos y muchos otros fueron voluntarios olímpicos. Destacó sobre todo Josep Miquel Abad, director general de Fira desde 1983, que en 1987 se hizo cargo del Comité Organizador de los Juegos.

Ver el reportaje entero de Firanews, publicado el 16 de febrero de 2017.

R.P.