El edificio es importante. Barcelona quiere ser sede de la Agencia Europea del Medicamento –organismo de evaluación científica, supervisión y control de la seguridad de los medicamentos en la UE que con el Brexit abandona Londres- y pone  a su disposición la Torre Glòries, antes torre Agbar. El edificio diseñado por Jean Nouvel, relativamente parecido a la londinense torre Gherkin de Norman Foster, está preparado para acoger a los 900 trabajadores. La agencia, en Londres desde 1995, ocupa 23.500 metros cuadrados y recibe 40.000 visitas anuales, lo que significa un importante impacto añadido.

Pero además del edificio y de buenas conexiones aéreas internacionales, Barcelona y Cataluña ofrecen también un entorno científico, económico e institucional muy interesante. La mitad de las empresas farmacéuticas nacionales e internacionales instaladas en España tienen sede en Cataluña, que cuenta con 230 laboratorios, de los cuales 90 son fabricantes. El sector farmacéutico catalán está considerado el quinto más productivo de la UE y en los últimos años se ha convertido en uno de los polos europeos en realización de ensayos clínicos.

Universidades, parques científicos, centros de investigación, grandes hospitales, grandes centros tecnológicos, infraestructuras de apoyo a la investigación forman una importante red de conocimiento, innovación y talento. A título de ejemplo: los hospitales Clínic, Vall d’Hebron, Trías i Pujol; el supercomputador Mare Nostrum del Barcelona Supercomputing Center; el Centro Nacional de Análisis Genómico;  el Sincrotrón Alba, acelerador de electrones que permite conocer la estructura de los átomos, o el Laboratorio Europeo de Biología Molecular en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona.

Preferencia por Barcelona

Y además Barcelona es una ciudad atractiva, con muchos alicientes de tipo cultural, de ocio o clima. Si dependiera de los trabajadores que ahora prestan sus servicios en la agencia, la capital catalana ganaría holgadamente. Según una encuesta interna entre los empleados, realizada a 687 de ellos, publicada por La Vanguardia,  el 78 % señalaban su buena predisposición a trasladarse a vivir a España (la consulta no preguntaba sobre ciudades). A continuación, las preferencias  se inclinaban por Holanda, Francia, Italia, Austria y Dinamarca, países todos ellos que presentan candidaturas de nivel para convertirse en nueva sede la agencia europea. O mejor dicho, Ámsterdam, Copenhague, Frankfurt y Milán.

Pero no se trata solo del desplazamiento de los empleados europeos, sino de las numerosas entidades y empresas que quieren estar cerca del organismo regulador. Se calcula que hay un ecosistema de 1.600 empresas que también podrían moverse hacia Barcelona y que se beneficiarían también de la potencia y reconocimiento internacional de los clúster farmacéuticos y biomédicos de la capital catalana.

Apoyo compartido

Lo importante, además es que la candidatura de Barcelona, ha nacido con el apoyo de todas las instituciones –Estado, Generalitat y Ayuntamiento- y un amplio consenso social en el que participan todo tipo de organizaciones, desde los colegios de médicos, farmacéuticos, economistas e ingenieros a Barcelona Global y las asociaciones del sector farmacéutico como la patronal Farmaindustria.

La presencia de la Agencia Europea del Medicamento puede generar sinergias de todo tipo en un sector muy desarrollado como el de la salud. Los numerosos congresos y acontecimientos feriales internacionales especializados subrayan su importancia: desde los grandes eventos como el Congreso Europeo de Cardiología que se siente muy cómodo en el recinto de Gran Via, a donde vuelve periódicamente (de nuevo en agosto de 2017), a nuevas propuestas como Healthio, lanzado este año por Fira de Barcelona, que abre nuevas vías a la aplicación de las tecnologías en el campo sanitario. Sin olvidar que Fira acogió en 2016 CPhI el mayor evento mundial de la industria farmacéutica, a la que su salón Expoquimia (octubre 2017) concede especial protagonismo.

R.P.