Cuando recibimos un regalo, para el cumpleaños, el santo, Navidad o en cualquier otra ocasión, la primera impresión nos llega a través de la envoltura: una bolsa, una caja, papeles de colores, una cinta con un gran lazo… El regalo es inseparable de la manera de presentarlo. Un buen envoltorio refuerza el valor del regalo y dice mucho del interés o la estima que despierta la persona que recibe el presente.

De este arte antiguo de envolver regalos saben mucho en Expohogar que como salón especializado precisamente en artículos de regalo y del hogar, ha organizado desde siempre actividades formativas relacionadas con la manera de sumar personalidad al obsequio. Mucho antes de que la palabra “valor añadido” hubiera entrado en nuestras vidas.

Precisamente en la edición de este otoño, en el salón, hay demostraciones prácticas a cargo de una gran experta en Origami, la ancestral técnica japonesa de envolver.

La sabiduría en el arte del papel de regalo llega de Asia. Chinos y japoneses lo practican desde hace siglos. En China se da mucha importancia al color del papel -el rojo es de la suerte- mientras que en Japón los pliegues del papel y su dirección son fundamentales. Los pliegos impares se utilizan para las grandes y felices ocasiones.

En Occidente, hace tiempo que la manera de presentar un regalo, un objeto, forma parte de la esencia misma de la actividad comercial. Los hermanos Rollie y Joyce Hall fundaron en 1900 en Estados Unidos la empresa Hallmark Cards, potencia mundial en la industria del embalaje de regalos y felicitaciones, que ha contribuido decisivamente a que el papel de color y el lazo tengan un significado que trasciende el valor material del contenido.