Cien años de la I Feria de Muestras de Barcelona 1920

La tarde del 23 de octubre de 1920 representantes de las instituciones y de lo que hoy llamamos la sociedad civil inauguraban la primera Feria de Muestras de Barcelona que se encuentra en el origen del papel de la capital catalana como ciudad de ferias y de congresos y de la misma existencia de Fira de Barcelona.

En ese acto inicial Antoni Martínez Domingo, alcalde de Barcelona por la Liga Regionalista, dirigió a los invitados con un discurso completo de satisfacción, pero también de reivindicaciones ante las dificultades vividas por la organización del evento ferial. La conflictividad social que se vivía en Barcelona, ​​la inestabilidad del gobierno central y la deriva de una economía incapaz de controlar el aumento del coste de la vida y del paro, en un entorno europeo de crisis debido a la reciente terminada guerra mundial, habían puesto en peligro el proyecto en más de una ocasión.

El alcalde Martínez Domingo era partidario de que Barcelona tuviera una feria propia y estable que fuera reflejo de su pujanza industrial y comercial y así lo explicitó con estas palabras: «Barcelona tiene suficiente capacidad para mantenerse en el primerísimo lugar que ha conseguido en el nuevo orden industrial y comercial que se está estableciendo en Europa después de la Guerra; nuestro objetivo organizando esta feria es demostrar que la industria catalana se encuentra en condiciones de competir con las mejores de otros países”.

La Feria de Muestras presentaba los visitantes novedades importantes. El Comité Organizador se había esforzado mucho a la hora de explicar a los medios de comunicación y la ciudadanía que los objetivos de una feria como esta eran potenciar la economía moderna, poniendo en contacto productores y compradores profesionales en un espacio y en unas fechas concretas y proyectando unas instalaciones prácticas y eficaces para cumplir las expectativas. De resultas del estudio de las ferias de muestras más prestigiosas de Europa -Leipzig y Lyon- se elaboró ​​un reglamento que optimizaba las funciones y el espacio físico de la muestra con modelos de stands y rotulaciones, servicios centralizados por los expositores o supervisión del hospedaje para los visitantes extranjeros. Incluso, crearon una comisión para la decoración de los stands bajo la dirección del prestigioso dramaturgo y escenógrafo Adrià Gual. Sin embargo, el término de Muestras debía dar a entender que se trataba de una feria al por mayor, donde los productores exponían las muestras de lo que fabricaban o comerciaban para formalizar negocios, pero, en ningún caso, venderlos al público generalista.

La I Feria de Muestras fue un éxito de la ciudad y de la ciudadanía. De sus primeros promotores -la Asociación Nacional de Fabricantes de Juguetes y la Asociación de Atracción de Forasteros-; de las instituciones Ayuntamiento de Barcelona y Mancomunidad de Cataluña- exponente del catalanismo político reformista; de las entidades económicas de la ciudad -Cámara de Comercio y Navegación y Fomento del Trabajo Nacional-, y, también, de los veinte y cinco hombres y mujeres que trabajaron en la sede de la Feria de Muestras, instalada en el Palau de la Lonja de la ciudad. Éxito de un evento económico internacional organizado en una Europa devastada por la Gran Guerra.

Los datos estadísticos -250.000 visitantes, 1.246 expositores y 15 millones de pesetas de la época en transacciones económicas- son prueba del dinamismo comercial de la I Feria de Muestras de Barcelona 1920, que abrió al público del 24 de octubre al 10 de noviembre. Un éxito fruto de la apuesta hecha para una nueva economía basada en la producción de bienes de consumo de proximidad, muchos de ellos destinados al bienestar y el ocio que poco a poco empezaba a abrirse paso. Un breve repaso de los anuncios del catálogo oficial de la Feria de Muestras es una prueba fehaciente: automóviles, medicamentos, moda y productos de belleza, vinos y espumosos, menaje del hogar, productos para el deporte, juguetes, máquinas de escribir, equipamientos para la cocina y el baño, material fotográfico y cinematográfico, material eléctrico o máquinas de calcular.

La ciudad vivió días vibrantes que situaron Barcelona en el centro de la modernidad europea que resplandecería con la Exposición Internacional de 1929. Días dedicados al comercio, pero también al debate económico y en la cultura. Casa América organizó conferencias para potenciar los vínculos intercontinentales y el Palau de la Música las propuestas musicales, con el Orfeón Donostiarra y la Orquesta Pau Casals como protagonistas.

La Feria de Muestras de Barcelona se celebró a lo largo de 70 años, con la excepción del período de la guerra civil española y llegó hasta el 1991, en vísperas de los Juegos Olímpicos que tanto contribuyeron a la transformación y proyección de Barcelona. Fue el germen de numerosos salones monográficos o especializados y jugó un indiscutible papel de escaparate de novedades, tendencias y progreso, especialmente en los años más difíciles vividos por las empresas y la sociedad durante el régimen franquista.

El Comité Organizador del certamen, al clausurarse aquella primera edición que en 2020 se ha conmemorado, resumió el espíritu de las ferias y los salones: «En la Feria no se trata de exponer productos para admiración de los visitantes sino de aproximar vendedores y compradores en un lugar y una época determinados”. El networking de hace un siglo.

Marià Hispano i Vilaseca
Archivo General de Fira de Barcelona (AGFB)